Institute for Justice and Democracy in Haiti

America Latina en Haiti : Solidaridad?

Am�rica Latina en Hait�: �Solidaridad?

Mario Joseph y Brian Concannon, Jr. | 7 de mayo de 2007

Versi�n original: Haiti, MINUSTAH, and Latin America: Solidaridad?
Traducci�n por: Lorena White

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Programa de las Am�ricas
El presidente de Venezuela Hugo Ch�vez fue recibido como un h�roe durante su visita el pasado 12 de marzo a Hait�. Los habitantes de los barrios pobres de Puerto Pr�ncipe salieron a las calles de la capital para animar, cantar y bailar, aportando el contagioso entusiasmo de las celebraciones haitianas. El presidente Ch�vez devolvi� las muestras de afecto. Sali� del autom�vil y se uni� a la fiesta, marchando e incluso corriendo junto a la multitud. Una vez en el Palacio Nacional, Ch�vez se subi� a la reja para aplaudir como si acabara de anotar un gol en el Mundial. Agradeci� p�blicamente a los haitianos por su hospitalidad y su entusiasmo, y por su ayuda hist�rica a la libertad en el mundo. Si Ch�vez y los haitianos se acoplaron tan bien fue por razones pr�cticas y de principio. Los haitianos consideran que Ch�vez es un l�der en la lucha contra las desigualdades globales que mantienen a la gente en Hait�, Venezuela y el resto de Am�rica Latina en una situaci�n de pobreza, hambre y falta de educaci�n. Lo admiran por afrontarse al hombre m�s poderoso del mundo, George W. Bush (cuyo nombre fue ese d�a frecuentemente invocado de manera no muy compasiva), al Banco Mundial y a otros “altos responsables”. Lo mejor de todo es que Ch�vez, a diferencia del ex-presidente Jean-Bertrand Aristide (cuyo nombre fue ese d�a frecuentemente invocado de manera compasiva) ha logrado mantenerse siempre a la defensiva.A su vez, Ch�vez sabe que los haitianos han soportado la desigualdad y la opresi�n por m�s de 200 a�os. Sabe que los haitianos ganaron su independencia en 1804 derrotando a Napole�n�el l�der m�s poderoso de ese tiempo�y que Hait� fue el primer pueblo en abolir la esclavitud. Ch�vez sabe, y lo reconoci� en el Palacio Nacional, que Hait� desempe�� un papel cr�tico en la independencia de su propio pa�s. Entiende tambi�n que el pueblo haitiano sigue luchando por su soberan�a, y seguir� en esa lucha el tiempo que sea necesario.

Asimismo el presidente Ch�vez fue bien recibido, pues trajo con �l un paquete muy solicitado de regalos. En el palacio firm� un acuerdo por $100 millones de d�lares con el Presidente de Hait� Rene Pr�val, con el fin de proveer petr�leo venezolano, asistencia al desarrollo y brindar ayuda financiera al convenio entre Cuba y Hait� que mantiene a m�dicos cubanos en las zonas m�s pobres de Hait� e instruye al mismo tiempo a trabajadores de la salud haitianos en escuelas m�dicas cubanas (Fidel Castro particip� v�a tel�fono a la reuni�n entre Ch�vez y Pr�val). Estos regalos son primordialmente bienvenidos porque a diferencia de los donadores norteamericanos o europeos, Venezuela y Cuba no condicionan su generosidad a la disminuci�n del gasto social en Hait� o a la reestructuraci�n de su econom�a con el fin de beneficiar a empresas multinacionales.

Esta exhibici�n p�blica de afecto mutuo contrasta vivamente con la pobre y crecientemente hostil relaci�n entre haitianos y otros latinoamericanos en Hait�. Apenas unos d�as antes de la visita de Ch�vez, el guatemalteco Edmond Mulet, Representante Especial del Secretario General de Naciones Unidas declar� ante el peri�dico Folha de Brasil que “una foto de Hait� hoy revelar�a una situaci�n terrible: pobreza, ausencia de instituciones, debilidad y ausencia del Estado”. El Embajador de Brasil en Hait�, Paulo Cordeiro Andrade Pinto, dijo al peri�dico que el Presidente Pr�val era “pasivo” e “inactivo”.

Los embajadores Mulet y Andrade Pinto no son de los que salen de sus autom�viles para unirse a las celebraciones callejeras de Puerto Pr�ncipe. Ellos viajan lo m�s r�pido posible entre sus casas ubicadas en los barrios ricos y sus oficinas en barrios ricos tambi�n, con escoltas armados, en grandes autom�viles con vidrios polarizados, ventanas cerradas y con el aire acondicionado encendido. Sus empleados son soldados de la MINUSTAH, la misi�n “pacificadora” de las Naciones Unidas que Mulet lidera y que Brasil dirige, quienes van s� a los barrios pobres, pero cuando lo hacen se quedan dentro de veh�culos blindados, sosteniendo sus armas autom�ticas, en lugar de extender sus manos al pueblo haitiano.

La misi�n de la ONU tiene una definici�n diferente de paz

Las tropas de la MINUSTAH a veces hacen m�s con sus armas que s�lo apuntar . Durante diciembre, enero y febrero, condujeron repetidas irrupciones en el pobre y denso barrio de Cit� Soleil. Los voceros de la MINUSTAH afirmaban que las tropas persegu�an a miembros de pandillas, pero sus rifles autom�ticos dispararon suficientes balas de alta potencia en las fr�giles paredes de las casas de Cit� Soleil (estimaciones de la MINUSTAH calcularon 22,000 balas en una sola incursi�n de 2005) como para matar a docenas de personas�mujeres, ni�os, ancianos�sin conexi�n alguna con la actividad pandillera.

Diplom�ticamente, Mulet se refiri� a los civiles como un “da�o colateral”. Tan colateral que la MINUSTAH no transport� al hospital a ninguno de los civiles heridos durante las irrupciones de enero y febrero. Las ambulancias de la ONU se encontraban en la escena, pero �nicamente para los soldados.

Son los barrios en donde la MINUSTAH interviene m�s�Cit� Soleil, pero tambi�n Bel-Air y otros�los que proveen la multitud que congratula con tanto entusiasmo al Presidente Ch�vez. Son tambi�n la base urbana del movimiento haitiano Lavalas, que aport� los votos que dieron la victoria absoluta a los presidentes Aristide y Pr�val en 1990, 1995, 2000 y 2006. Los barrios nunca aceptaron el derrocamiento de su gobierno constitucional en febrero de 2004, patrocinado por Estados Unidos, Canad� y Francia, ni el exilio forzado de Aristide a �frica, en un avi�n del gobierno de Estados Unidos. No han aceptado tampoco a la MINUSTAH, la �nica misi�n pacificadora en la historia de la ONU que fue desplegada sin ning�n tipo de acuerdo de paz.

La misi�n de la MINUSTAH serv�a para consolidar el golpe de estado de Bush. Al principio dio apoyo al brutal y anticonstitucional Gobierno Interino de Hait� (IGH por sus siglas en ingl�s), dirigido por el Primer Ministro G�rard Latortue, conductor de televisi�n y partidario de Bush, transferido desde Boca Raton, Florida. La misi�n apoy� la campa�a de terror ejercida por la fuerza polic�aca del IGH contra Lavalas , e incluy� ataques de la MINUSTAH en los barrios pobres. Despu�s del regreso a la democracia de Hait� en mayo de 2006, la polic�a haitiana detuvo sus asesinas irrupciones en lugares como Cit� Soleil. Pero la MINUSTAH sigue tirando, bajo la presi�n de la administraci�n Bush y las elites haitianas de seguir “l�nea dura” contra los barrios pobres.

La poblaci�n de Cit� Soleil no minimiza la violencia pandillera�pues como todos los pobres de cualquier lugar, ellos cargan con lo peor del crimen callejero. Pero creen que la violencia no ser� nunca derrotada con violencia y que la situaci�n puede �nicamente solucionarse con �xito mediante servicios de salud, trabajo y condiciones de vida dignas. Estas son las armas desplegadas por Ch�vez y por el Aristide, quien brind� trabajo a los j�venes de Cit� Soleil. Cada semana los haitianos salen a las calles para pedir que la MINUSTAH se vaya y que regrese Aristide. El 12 de marzo, al mismo tiempo que “Vive Ch�vez, Vive Aristide”, cantaban “Abajo Bush, Abajo MINUSTAH”.

La MINUSTAH por lo menos entiende lo atractivo de la generosidad del presidente Ch�vez. Despu�s de la mala publicidad ocasionada por las irrupciones de diciembre y enero en Cit� Soleil, el Departamento de Comunicaci�n de la misi�n empez� a fortalecer sus esfuerzos para ganarse el coraz�n y las mentes de Cit� Soleil, proveyendo salud, agua y comida en las �reas en donde hab�an sido desalojados miembros pandilleros. En marzo, los residentes de Cit� Soleil nos llevaron a un terreno de basketball, cerca de la base de una supuesta pandilla. El mismo d�a fueron subidos al Internet atractivos reportes de prensa, completados con fotos del trabajo humanitario de la MINUSTAH. El Coronel brasile�o Alfonso Pedrosa alab� la distribuci�n de 200 botellas de agua y de 1000 platos de comida distribuidos por la MINUSTAH, con el fin de demostrar cu�nto las cosas han cambiado desde la partida de pandillas.

La MINUSTAH convirti� la chancha de basketball en un aparador que muestra el cambio de Cit� Soleil. El d�a en que los cascos azules tomaron el control, la cancha fue r�pidamente transformada en una recurrida base humanitaria, con centros de distribuci�n de agua y de comida y un hospital de terreno. Sin embargo los residentes de Cit� Soleil explicaron que el centro humanitario dur� un solo d�a. Una vez que los fot�grafos, reporteros y especialistas de relaciones p�blicas documentaron el generoso derroche de la MINUSTAH se dio por terminada la operaci�n. El centro humanitario regres� r�pidamente a lo que se ve�una asoleada y polvorienta cancha de basketball. Los soldados de la MINUSTAH regresaron a patrullar Cit� Soleil desde sus tanques, armados y listos para disparar.

Los haitianos con los que platicamos sienten que la campa�a de “los corazones y las mentes” de la MINUSTAH se dirig�a a los corazones y las mentes de los que leen los peri�dicos y ven la televisi�n en Sudam�rica y Estados Unidos; los mensajes en Cit� Soleil siguen siendo entregados con la ayuda de rifles autom�ticos. Los residentes se burlan del cinismo de los embajadores Mulet y Andrade Pinto y de la MINUSTAH, llamando a la misi�n “TOURISTAH”.

La alternativa bolivariana al capitalismo impuesto

Ch�vez y la MINUSTAH han tomado dos diferentes l�neas de solidaridad en Hait�, iniciadas ambas por Sim�n Bol�var, El Libertador de Sudam�rica. Despu�s de un rev�s en su labor libertadora, y habiendo sido expulsados de Venezuela y posteriormente de Jamaica, Bol�var y sus seguidores llegaron a Hait� la v�spera de la Navidad de 1815. P�tion, presidente de Hait�, recibi� a los combatientes de la libertad, proporcion�ndoles abrigo, armas, municiones y una imprenta. Antes de su partida para dirigir la sublevaci�n de abril de 1816 en Venezuela, Bol�var pregunt� c�mo pod�a compensar la generosidad haitiana.

P�tion le respondi� que la mejor forma de agradecer a Hait� ser�a liberando a todo los esclavos de colonias espa�olas. Una vez en Venezuela, Bol�var el idealista liber� a los 1,500 esclavos que su familia pose�a, y el 6 de julio public� en la imprenta de P�tion, la proclamaci�n de la abolici�n de la esclavitud en todo Hispanoam�rica. Los presidentes Ch�vez y Pr�val conmemoraron dicha cooperaci�n colocando flores en los monumentos a P�tion y Bol�var en Puerto Pr�ncipe.

Sin embargo, Bol�var sufri� otro rev�s, y en septiembre estaba de regreso a Hait�. Nuevamente P�tion brind� protecci�n y recursos, y Bol�var lanz� otro ataque en diciembre de 1816. Esta vez logr� su objetivo, liberando una buena parte de territorio de Venezuela hasta Bolivia. Pero tambi�n esta vez su objetivo de libertad era m�s limitado. El Libertadorse hab�a convertido en un “realista”, capaz de comprometer sus ideales fundamentales con tal de satisfacer a sus aliados. Esta vez tampoco imprimi� una proclamaci�n de emancipaci�n, y Venezuela conserv� la esclavitud y sus horrores casi durante el mismo tiempo que Estados Unidos�hasta 1854.

Bol�var desaprovech� otras oportunidades de agradecer a Hait� que su revoluci�n haya sido posible. No reconoci� a Hait� (Venezuela no envi� un embajador sino hasta 1974). Cuando en 1826 la Nueva Rep�blica de Colombia organiz� el Congreso de Estados Americanos con el fin de reunir a todos los reci�n independizados pa�ses de Am�rica, los “realistas” consintieron la petici�n de Estados Unidos de excluir a Hait�, el pa�s que hab�a abrigado a los combatientes de la libertad.

Algunos de los vecinos de Hait� han tomado el mismo camino que el idealista de Bol�var. Cuba no tiene el petr�leo ni el dinero de Venezuela, pero tiene doctores capacitados. Durante la �ltima d�cada ha apoyado a un equipo de m�s de 800 profesionales m�dicos cubanos, desplegados en las �reas m�s pobres y remotas de Hait�. Casi la misma cantidad de estudiantes haitianos han obtenido becas en Cuba, muchos de ellos provienen de familias pobres que no podr�an nunca permitirse una escuela de medicina.

La Comunidad del Caribe (CARICOM) hizo todo por defender la democracia en Hait� durante su ataque en 2004, pidiendo el apoyo internacional por la democracia y neg�ndose a reconocer al relevo ilegal. La CARICOM le dio al resto del mundo lecciones c�vicas, apeg�ndose a sus principios democr�ticos mientras que los Estados Unidos, Europa y la mayor�a de Centro y Sudam�rica (sin contar Venezuela) abrazaron a la dictadura.

Pero muchos de los otros vecinos de Hait��generalmente los m�s poderosos�han seguido los pasos de Bol�var el realista y han comprometido sus principios con tal de satisfacer a sus aliados potenciales. La Organizaci�n de Estados Americanos (OEA) es en varias formas el sucesor del Congreso de Estados Americanos. En principio la OEA tiene requisitos democr�ticos m�s s�lidos que la CARICOM, pero en la pr�ctica la organizaci�n acept� el cambio inconstitucional de r�gimen de 2004 en Hait� sin reaccionar. Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Guatemala, Paraguay, Per� y Uruguay han enviado soldados a unirse a Brasil en la MINUSTAH.

Los participantes de la MINUSTAH saben lo que est�n haciendo, y les preocupa. El Teniente General Urano Bacellar, comandante brasile�o de la MINUSTAH, se suicid� en enero de 2006, aparentemente porque fue incapaz de conciliar sus convicciones morales con el deber de satisfacer esta “misi�n” de mantener l�nea dura en los barrios pobres. Su predecesor, el General Augusto Heleno Ribeiro, se quej� ante la comisi�n del congreso brasile�o declarando que “la comunidad internacional ejerce una presi�n extrema para que usemos la violencia” en los barrios pobres de Hait�. Hace un a�o, Folhade Brasil entrevist� a soldados brasile�os que regresaban. Uno dijo: “el nombre de “misi�n pacificadora” es �nicamente para tranquilizar a la gente. En realidad no pasa un solo d�a sin que las tropas maten a un haitiano en una balacera. Personalmente mat� al menos a dos…”. Pero la preocupaci�n del General Ribeiro no se refiere a los pobres haitianos que no merecen vivir, sino a criterios decididos desde el interior de tanques. El General anunci� a la estaci�n de radio haitiana Radio M�tropole en octubre de 2004 que “debemos matar a los bandidos pero tendr� que ser solamente a los bandidos, no a todos”.

Hasta ahora los realistas latinoamericanos han logrado vivir con sus conciencias, confiados en que las ventajas de participar en la idea de fuerza pacificadora de Bush rendir� los suficientes frutos como para compensar lo que le est�n haciendo al pueblo de Hait�. Para Brasil, estos beneficios incluyen una buena oportunidad de obtener un asiento permanente en el potencialmente expandido Consejo de Seguridad de la ONU. Para otros pa�ses, es el dinero para sus gobiernos que no cuentan con un peso (la ONU reembolsa a los pa�ses varias veces el salario de un pobre soldado), o la oportunidad de mantener contenta a la administraci�n Bush sin comprometer asuntos comerciales o la oposici�n a la Guerra de Irak.

Pero los realistas deber�an ver que los vientos en Am�rica Latina est�n cambiando. El foco global del control militar en el gobierno de Bush, que est� tambi�n incorporado por la MINUSTAH, est� perdiendo credibilidad y se desploma�no s�lo en Irak. Mientras que Ch�vez se asoleaba con las en�rgicas multitudes de Puerto Pr�ncipe y otras ciudades latinoamericanas, Bush se reun�a con l�deres nacionales en una remota y bien protegida locaci�n, para evitar as� las grandes protestas sostenidas en cada uno de los pa�ses que visit�.

En los �ltimos dos meses, ciudadanos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y Per� han salido a las calles a protestar contra la complicidad de sus pa�ses ante brutalidad de la MINUSTAH. Quiz� pronto los pa�ses de la MINUSTAH se dar�n cuenta al perseguir la pol�tica haitiana de Bush han atado sus destinos a un barco que se hunde.

El abogado de Derechos Humanos Mario Joseph maneja el Bur� de Abogados Internacionales en Hait�,www.ijdh.org/bureau.htm. Brian Concannon Jr. es el director del Instituto por la Justicia y la Democracia en Hait�, www.haitijustice.org, y analista del Programa de las Am�ricas del Centro Internacional de Relaciones (IRC) en www.ircamericas.org. Fue observador de Derechos Humanos para las Naciones Unidas en Hait� en 1995 y 1996.

Traducido del ingl�s por Lorena White.

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